Existe un abismo entre el vasto universo y tu ser, un vacío inalcanzable que escapa a la vista, que no encuentra morada en ningún rincón, que surge de una primera impresión y traspasa los límites de la justicia, tejiendo una red de grandeza irrespetuosa, pues despiertas la envidia en los demás mortales con solo tu presencia, a pesar de la humildad que emana de tus labios.
La amargura, el miedo, el presente, la distancia, el desamor, el pasado, el futuro… todo se desvanece mientras te precipitas hacia el vacío, solo, libre, infinito… Nada te detiene, no existen restricciones ni limitaciones, el tiempo se diluye y el momento oportuno se desvanece como un agujero negro, porque nada importa más que tu generosa libertad, la mejor expresión de «hacer lo que te dé la gana» que he tenido el privilegio de contemplar, la naturaleza más sublime sin bosques ni junglas, la mente más aguda y traviesa, la sonrisa más radiante y el cuento más cautivador.
Aunque conozco tu lejanía desde la distancia, llenas gradualmente mi propio vacío con tu libertad, un vacío plagado de preocupaciones triviales, un espacio lleno de obstáculos donde no me atrevo a saltar por miedo a chocar contra algo duro que me haga llorar de nuevo. Me enseñas que no hay necesidad de mirar hacia atrás, que el pasado no es más que un conjunto de espejismos, reflejos de lo que soy ahora y nada más, nada más.
A tu lado, deseo inventar fortunas, crear mundos superfluos, tejer historias ficticias, elaborar redundancias innecesarias, forjar besos exclusivos, construir la nada en un universo paralelo, inventar nuestra propia locura, esculpir futuros que jamás verán la luz, dar forma a vacíos liberados de toda atadura, y sobre todo, inventar junto a ti tu risa y la mía en perfecta armonía. Solo nos queda inventar… lo real nos hace vulnerables, nos aprisiona, nos ahoga; inventemos libremente, juntos, libres de risas, de cuentos… juntos. No deseo nada serio, pero anhelo todo mientras ríe a tu lado.




